viernes, 13 de junio de 2008

MITO PRECOLOMBINO





MITO DE VICHAMA



Calancha relata un mito de la región de Végueta sobre el diso Vichama y sus luchas y querellas con Pachacamac. Las constantes contiendas entre Pachacamac y Vichama indican posiblemente un largo periodo de guerras entre los habitantes de ambos valles. Quizás tuvieron lugar al iniciarse la expansión del poderío de Pachacamac durante el Horizonte Medio, cuando se iniciaba la irradiación de su culto por la costa. Por otro lado, sorprende la similitud fonética entre Ychma, nombre con el cual se conocía al señorío de Pachacamac antes de la conquista Inca, con el de Vichima. EL MITO En el principio del tiempo sólo existía una pareja humana creada por Pachacamac, pero por descuido el dios no le proporcionó alimentos y no tenían qué comer. El sol, viendo las congojas de la mujer, le ordenó buscar raíces y con sus rayos fecundó a la joven que al cabo de cuatro días dio luz a un niño. Furioso por esa intromisión del Sol, Pachacamac despedazó al recién nacido y de las partes de su cuerpo enterrado brotaron diversas plantas. De los dientes salió el maíz, de sus huesos las yucas, de su carne los pepinos, pacaes y demás frutos de la tierra. La atribulada madre lloraba por su hijo, rodeada ahora de abundancia; y de nuevo intervino el Sol, quien con el ombligo del recién nacido lo resucitó, dándole el nombre de Vichama o Villama. Varias fueron las peripecias de la lucha entre Pachacamac y Vichama, este último, al igual que su padre el Sol, desaparecía a tiempos para volver más adelante; en una de sus ausencias, Pachacamac mató a su ya anciana madre. Al retornar Vichama a Végueta culpó a los curacas de negligencia y con la ayuda del Sol los convirtió en Piedras. Más tarde, arrepentido de su acción, no pudo devolverles la vida y decidió poner a los caciques a lo largo del litoral a manera de islotes y peñascos para que fuesen adorados por huacas. El curaca mayor llamado Anat se convirtió en la isla frente a Végueta; cada año sus habitantes le rendían culto ofreciéndole chicha, espingo y plata. Con el objeto de poblar de nuevo el mundo por entonces vacío, el Sol envió a la tierra de Végueta tres huevos, uno de oro, el segundo de plata y el tercero de cobre. Del huevo de oro salió una nueva generación de señores, del de plata las mujeres nobles, y los plebeyos del de cobre (4).